El padre de Mª José es una de las cuarenta y setecientos diez personas que murieron en la Comunidad de la villa de Madrid en dos mil veinte conforme el INE. Son un cuarenta y uno por ciento más que la media de años precedentes debido a la pandemia, si bien en los registros oficiales figuren unas doce y novecientos víctimas mortales del Covid en la zona.

Muchos de esos miles y miles de madrileños, si bien ya no estén entre nosotros, tienen una obligación con la Hacienda. Para ser más precisos, son sus herederos quienes encaran estos días el trago de tener que presentar la declaración de la renta del ser querido ausente pertinente el ejercicio en el que el fallecido vivía y cotizaba.

“Aún no me he puesto con lo de la declaración de la renta y no tengo ni la más mínima idea de de qué manera va”, confiesa Mª José. “Es más, hasta el día de ayer no logré terminar con los trámites burocráticos de la herencia”, agrega para reconocer que aún no está para tratar estos temas económicos “porque prosigo sin poder encajar lo que ha ocurrido”.

La campaña de la Renta del ejercicio dos mil veinte empezó el siete de abril y concluye el treinta de junio. A lo largo de ese periodo los impositores deben hacer cuentas con el fisco, asimismo los fallecidos. Ciertos sucesores lo ignoran o bien lo olvidan, lo que les puede conllevar multas por no hacerse cargo de la presentación y pago de la autoliquidación del IRPF.

“Los herederos de una persona tienen la obligación de presentar la declaración de la renta de un familiar fallecido, puesto que esta va a tener implicaciones diferentes en el Impuesto de Sucesiones”, explican desde la plataforma en línea de servicios legales reclamador.es.

Agrega una matización Antonio Paredes, especialista tributario de Gestha. “Estarán obligados siempre y cuando hayan conseguido rentas y superen los límites establecidos en la obligación de declarar”. Esto es, que no todos y cada uno de los que han dejado este planeta en el año de la pandemia tenían la obligación de presentar su declaración. En verdad, en la AEAT calculan que de cada cien fallecidos, los que han ingresado tanto para tener que formalizar este trámite no alcanzan el veinte por ciento.

Ingresos mínimos para declarar

No va a haber obligación de declarar por el familiar fallecido si lo que ingresó por su salario o bien su pensión entre enero de dos mil veinte y la data de su defunción no superaban los veintidos euros, caso de que solo constase un pagador, o bien catorce si había 2. Este supuesto de 2 pagadores afectaría particularmente a quienes murieron estando en situación de ERTE, que en otras circunstancias, solo con su salario frecuente de la compañía sin el abono del SEPE, no habrían llegado al máximo marcado para declarar.

En el momento en que una familia se encara a este instante tras una pérdida brota la duda de quién debe hacerse cargo de esta diligencia. “Las obligaciones fiscales se transmiten a los herederos o bien legatarios, que pueden ser nombrados a través del testamento o bien predisposición legal”, apuntan desde el reclamador.es. Generalmente acostumbra a ser el cónyuge y, de no haberlo, un descendiente.

Si hay múltiples herederos, “la declaración va a poder ser presentada por cualquiera que acredite tal condición. Generalmente se va a poder acreditar aportando testamento, escritura de adjudicación de herencia o bien cualquier documento que justifique fidedignamente la condición de heredero, como copia del DNI/NIE del heredero”, especifica Antonio Paredes.

El año siguiente al fallecimiento no se deja presentar declaración conjunta incluyendo al fallecido. No obstante, el resto de los miembros de la unidad familiar sí pueden hacerlo. O sea, si uno de los cónyuges muere, el otro puede declarar de forma conjunta con sus hijos, sin el fallecido por el que se tributará de forma individual.

El certificado y el sistema [email protected] del fallecido “quedarán deshabilitados” a su muerte, lo que fuerza a los herederos a “acceder y presentar el IRPF a través de referencia (sistema RENO), o sea, facilitando el documento de identidad del fallecido, su data de valía (o bien de expedición si se trataba de un documento nacional de identidad permanente) y la casilla quinientos cinco de la Renta del año anterior”, apunta la Hacienda.

En los casos en los que no hubiese presentado la declaración el año precedente, se pedirá el IBAN de una cuenta corriente de titularidad del fallecido. El resto del procedimiento va a ser como el de cualquier impositor vivo.

Si bien a muchos les puede suponer una dificultad encarar este trámite, desde la Asociación De España de Aconsejes Fiscales su responsable de la sede de la zona centro, Lara Álvarez, explica que no tienen constancia de que hayan aumentado las consultas de herederos para solicitar asesoramiento sobre esta cuestión tras el incremento exponencial de muertes provocadas por la pandemia. “Sí se aprecia más en el caso del Impuesto de Sucesiones, por el hecho de que el plazo para abonarlo es de 6 meses a contar desde el fallecimiento, que habitualmente se cumplen en estas semanas”.

Tampoco en la Asociación Madrileña de Perjudicados por el Covid-diecinueve (Amacovid) han detectado entre sus usuarios una mayor inquietud sobre este género de procedimientos. En su sede de San Sebastián de los Reyes ofrecen consultoría jurídica y fiscal, si bien de esta última “la demanda no es tanta, pues la gente lo que desea es sobrevivir”, apuntan. Tienen más trabajo en las áreas sicológica y médica, donde tratan las secuelas poscovid, y en la social, lugar desde donde proveen de artículos de primera necesidad a 100 familias que padecen los daños colaterales de la pandemia. No obstante, en Amacovid aseveran que han sido testigos de de qué forma la herencia de un familiar ha solucionado la vida de “gente que estaba apurada”. Citan como un ejemplo el de “una pareja con 3 hijos pequeños que venían a recoger comida y ropa. El abuelo enfermó de Covid y murió, lo que les dejó aliviados sin las deudas y con la vida solucionada. Ya no precisan nuestra ayuda”.

Cita con la Hacienda

A lo largo de la campaña de la Renta, la mayor parte de estos ciudadanos que encara el deber de cumplir con Hacienda representando a su familiar opta por recurrir al servicio que ofrece la propia Hacienda para elaborar la declaración de la renta. En un caso así se puede concertar una cita “a nombre de la persona fallecida”, remarca Paredes, a la que van a poder asistir únicamente los herederos anterior acreditación de su condición y aportar la documentación precisa.

Desde la AEAT no pueden aportar datos sobre si han aumentado las solicitudes para hacer empleo de este servicio. “El inconveniente que tiene esto es la complejidad de cruzar a priori la información, estando la campaña en curso”.

Cuando la declaración sale a abonar, los especialistas del reclamador.es nos recuerdan que las deudas tributarias de los fallecidos se transmiten a sus herederos en exactamente la misma situación en que se hallaban en el instante del fallecimiento, lo que desea decir que el “procedimiento de colecta proseguirá con sus herederos y, en su caso, legatarios”.

Se tiende a meditar que lo más probable es que salga a devolver, pues las retenciones del fallecido serían las pertinentes a producir rentas a lo largo de todo el año y no lo habría completado, salvo que su fallecimiento fuera en el mes de diciembre. Sin embargo Lara Álvarez apunta que “no tiene por qué razón ser de este modo, no siempre y en toda circunstancia sale a devolver”. En cualquier caso, el pago se “puede abonar con la masa hereditaria”.

En el caso de resultado a devolver, para gestionar la devolución los sucesores “deberán cumplimentar el impreso modelo H-cien «Petición de pago de devolución a herederos», libre en la Sede electrónica de la Hacienda, en la dirección electrónica ”, apunta el especialista de Gestha, y aportar la documentación justificativa: “certificado de defunción, libro de familia, certificado de últimas voluntades, testamento, certificado bancario de titularidad de la cuenta a nombre de los herederos”. En el caso de que la devolución sea mayor de dos mil euros, va a haber que presentar “justificante de haber declarado en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones”.

Proponemos al especialista de Gestha si un heredero se puede negar a hacer la declaración y se remite al artículo treinta y nueve de la LGT, que establece que “a la muerte de los obligados tributarios, las obligaciones fiscales pendientes se transmitirán a los herederos, sin perjuicio de lo que establece la legislación civil en lo que se refiere a la adquisición de la herencia”. Por ende, la condición de heredero implica la obligación de presentar la declaración y, si sale a abonar, el ingreso de la cuota resultante.

“Sólo en el caso en que no se admita la herencia y no se adquiera esta condición, quedaría excluido de esta obligación”, precisa Antonio Paredes quien recuerda que “en el caso de aceptación de la herencia a beneficio de inventario, el heredero no queda obligado a abonar las deudas y demás cargas de la herencia sino más bien hasta donde alcancen los recursos de la misma”, lo que excluye al heredero de contestar con su patrimonio a las deudas del fallecido.

La directiva legal del portal reclamador.es, Almudena Velázquez, remarca que la renuncia a la herencia no significa liberarse del compromiso de declarar. “Eso es indiferente, por el hecho de que la declaración del fallecido es independiente del devenir de la herencia. Hay que hacerla de todas y cada una maneras, aunque al haber renunciado a ella, ni van a poder repartirse la devolución ni van a ser responsables del pago de la cuota tributaria si hubiese salido a pagar”, apunta.

Caso de que el finado no tenga herederos, “lo que va a suceder es que no se presentará la declaración, mas tampoco se tributará cuando la herencia se la quede el Estado, pues la AEAT es parte del mismo y en verdad, es el organismo que impulsa el procedimiento a fin de que aquel sea declarado heredero lícito y después sean entregados a Hacienda los recursos del difunto”, explica Almudena Velázquez. Y nos recuerda que cuando se genera esta situación, el Estado tiene la obligación de “destinar la herencia de la próxima forma: una tercera parte en favor de instituciones municipales de beneficencia, acción social y profesionales así sean públicas o bien privadas. Otro tercio a estas instituciones, mas de campo provincial y el último tercio para anular deudas públicas, salvo que se determine un destino diferente por la parte del gobierno”.

Procedimiento sancionador

Puede suceder que los familiares de un fallecido olviden efectuar esta administración, por puro desconocimiento o bien distraiga. Cuando esto ocurre, “la AEAT requerirá su presentación, con la comunicación de comienzo del procedimiento sancionador por no haberlo hecho, por norma general en el domicilio del fallecido, pues no tiene por qué razón constarle el fallecimiento, puesto que el Impuesto de Sucesiones es un tributo gestionado por las comunidades autónomas”, alarma Velázquez.

“Esto supone que muy frecuentemente los herederos ni tan siquiera son conocedores de dichas notificaciones, y el procedimiento proseguirá su curso hasta el momento en que se proceda al embargo de recursos y sea entonces cuando la AEAT tenga conocimiento de tal fallecimiento y que pertenecen a terceros (si por poner un ejemplo se vendieron los inmuebles) o bien que las cuentas están anuladas por la testamentaría (información que facilitan los bancos)”, explica esta especialista. “Es entonces cuando la AEAT va a ir contra los herederos si el plazo para declarar el IRPF de su causante no ha precripto. En estos casos, las sanciones y también intereses son exactamente los mismos que los que se cargan en los presuntos «normales» y dependen del tiempo pasado desde la obligación de presentar”.

Fuentes de la Hacienda eluden especificar precisamente la penalización que acarrea no hacer la declaración del familiar fallecido por el hecho de que “hay una pluralidad de situaciones muy grande y sería aventurado” detallar las multas. “En todo caso les va a llegar un requerimiento recordando que hay que abonar y van a entrar en el proceso de comprobación pertinente a los planes de control de no declarantes”. Inciden en que en general “el inconveniente no es tanto no conocer que hay que hacer la declaración del fallecido, sino más bien de qué forma hacerlo”.

Desde la AEAT remiten “a los familiares que tengan dudas sobre el procedimiento a la herramienta “Informador de Renta” alcanzable desde el banner de la Campaña de Renta de su página web donde hay un apartado concreto que va guiando al consultante sobre esta materia en función de las dudas que tenga”.