Al fin Lidia ha vuelto a salir a la calle. Llevaba catorce meses encerrada en cuarenta metros cuadrados, presa en su casa, por el hecho de que el elevador de la residencia del Ivima en la que radica no funcionaba, lo que le impedía desplazarse fuera en su silla de ruedas. Lidia padeció un ictus cerebral hace 4 años que le ocasionó una parálisis en las piernas. Esta discapacidad con la que aprendió a convivir se complicó cuando el elevador quedó inoperativo hace algo más de un año. Inconvenientes en la comunidad de vecinos, la mayor parte en situación de vulnerabilidad, con múltiples pisos okupados y también impagos generales estaban en el trasfondo de este drama que semeja al fin solucionado.

Una vez que Madridiario se hiciese eco de la demanda de la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de la capital de España (Famma) y recogiese el testimonio de Lidia y Juan, su pareja, las autoridades eficientes han hecho posible la puesta en funcionamiento nuevamente del elevador. Cuando salió a la luz el caso, desde el Ivima aseguraban a este diario que se estaba examinando el caso «por los asistentes sociales de la Agencia de la Residencia Social con los especialistas del área». Por último el viejo Ivima ha hablado con el administrador de la finca y se ha llegado a un pacto y han puesto en funcionamiento la instalación.

El viernes pasado fue el primero de los días en el que Lidia pudo regresar a moverse con su silla de ruedas por la calle, algo que deseaban tanto misma como su pareja, Juan, preocupado por la gran depresión por la que atravesaba Lidia, harta de vivir en esas condiciones.