Por MDO/E.P.

Raúl Serrano, que pasó catorce años de su vida en centros de menores tutelados de la Comunidad de la capital española, ha explicado que la vida en un centro de menores es «estar rodeado de bastante gente» y al tiempo, «sentirte solo». Además, ha animado a las familias a proponerse el acogimiento pues es «uno de los ademanes de amor auténtico más fuertes».

«Sobre la vida en un centro, la imagen que tengo es de estar rodeado de mucha gente, mas realmente sentirme solo, que no hubiera absolutamente nadie que te diera un beso de buenas noches, que te arropase», ha subrayado Raúl Serrano en una entrevista con Europa Press. Su reportaje ‘Así medran los enanos’, que recoge los testimonios de jóvenes extutelados, se estrenará en mayo en Filmin.

Serrano explica que lo normal es que los menores tutelados pasen primero por un centro de primera instancia, que en la capital de España acostumbra a ser el de Hortaleza, y de ahí se les derive a otros de carácter permanente.

Él vivió en un centro residencial desde los cuatro años hasta los dieciseis, cuando le mandaron a un piso donde pasó los últimos un par de años ya antes de salir del sistema de protección claramente.

Con respecto a la vida en un centro de menores, Raúl conserva «recuerdos vagos» mas lo que sí recuerda es que, «sobre todo, se vive una enorme soledad«, aun si bien las ratios sean pequeñas.

«No hay una experiencia de amor incondicional, de pertenencia, sino vives al lado, no perteneces a un ambiente que te provea las cosas elementales y básicas, esa es la enorme falta del sistema que es bastante difícil de revertir», apunta.

En lo que se refiere a la relación con sus progenitores biológicos, Serrano explica que salía del centro para pasar los fines de semana y las fiestas con ellos, mas sus progenitores se hallaban en situación de calle, por lo que asimismo pasaba ese tiempo en la calle. Cuando volvía al centro, conforme asevera, lo contaba mas no le creían.

La esperanza de ser acogido

Por aquella temporada, conforme recuerda, era más habitual la figura de la adopción que del acogimiento, que fue entrando «poquito a poco». Él podría haber tenido la opción de ser acogido en familia extensa mas sus progenitores afirmaron que no. Jamás perdió la esperanza de que alguien le acogiera o de que la situación de sus progenitores mejorase y pudiese regresar con ellos.

«Un pequeño que está ahí siempre y en toda circunstancia tiene la esperanza de que alguien se ocupe de él o que la situación en casa revirtiera», comenta. Aunque, agrega que eso que al comienzo era «un deSeo grande», transcurrido un tiempo «se transforma en todo lo opuesto».

«Te percatas de que estás mejor en el centro», explica, especificando que los menores tutelados se van distanciando de sus progenitores biológicos, no desean parecerse a ellos y tienen temor de que los demanden pues no desean ir a ambientes que les hacen mal.

En este sentido, lamenta que no se ayuda a las familias biológicas. «Están bastante solas, es cierto que es realmente difícil asistirlas mas se puede hacer y quizás sean uno de los grandes olvidados de este sistema de protección», profundiza.

“¿Qué va a ser de mí a los dieciocho?”

Otro de los inconvenientes que se hallan los menores tutelados, conforme señala, es el instante en que alcanzan la mayor parte de edad y quedan fuera del sistema de protección.

«Comprendes de manera rápida que tarde o temprano vas salir de allá. Para mí fue una espada de Damocles que tuve siempre y en toda circunstancia, me condicionó mucho al tomar resoluciones, la sofocación que sientes conforme vas llegando a la mayor parte de edad es brutal por el hecho de que ves que estás solo y te preguntas: ¿Qué va a ser de mí?», expone Serrano.

En su caso, conforme asegura, le invitaban a guardar relación con su familia biológica, cuando ya no la tenía desde hacía años. A su juicio, es «malvado» que se invite a un joven de dieciocho años recién cumplidos a regresar con una familia con la que hasta un día ya antes no se podía ir.

Asimismo recrimina el hecho de que «se les priva de poder estudiar, habitualmente» puesto que se les aconseja prepararse para desempeñar un empleo en vez de, por servirnos de un ejemplo, ir a la universidad. «Las instituciones deberían prever proyectos de futuro como en cualquier hogar, puesto que para eso les están tutelando, se les debería proveer de exactamente las mismas ocasiones que a el resto», remarca.

En su caso, cuenta que tuvo la fortuna de poder estudiar el Bachiller y trabajar. Ahora, es directivo, argumentista y maestro, si bien asegura que no tuvo comodidades para hacerlo.

Raúl Serrano echa la vista atrás y reconoce que si hubiese crecido en una familia en vez de en un centro de menores habrían alterado «muchas cosas». Por poner un ejemplo, a él le costó mucho revertir la carencia de autoestima.

«Uno va arrastrando, inevitablemente, faltas que con el tiempo acostumbra a revertir, mas hay faltas que se quedan», apunta, señalando el caso de personas que arrastran para toda la vida el rechazo de la sociedad, la soledad o el analfabetismo sensible.

Sobre los abusos a menores en centros de la capital de España, Baleares y Valencia, Raúl Serrano señala que es una cosa que «lleva pasando siempre y en todo momento» y mismo, cuando estaba en el centro, escuchaba casos de chicas tuteladas que se prostituían. Conforme explica, en los centros los menores tienen falta de atención y cariño, como una necesidad de pertenecer a algún sitio y, por este motivo, se transforman en «un blanco muy simple». «Es una de las primordiales lacras», puntualiza.

Asimismo demanda el hecho de que las administraciones no salgan en defensa de los menores tutelados cuando ocurren estos casos. «¿Qué progenitores no saldrían en defensa de sus hijos si saliera un caso así?», se pregunta. Del mismo modo, recrimina la actitud de VOX «hablando mal y mintiendo» sobre los menores migrantes.

En este contexto, Raúl Serrano hace un llamamiento a las administraciones a fin de que salgan en público a decir que se precisan familias agradables y a que, en los institutos, se enseñe este género de modelo familiar.

Medrar sin familia

Como recuerda, pese a que la ley de modificación del sistema de protección a la niñez y a la adolescencia de dos mil quince establece que debe predominar la medida de acogimiento familiar sobre la de acogimiento residencial, singularmente para menores de 6 años, hay prácticamente mil doscientos menores de cero a seis años que medran en centros residenciales, prácticamente la mitad de ellos, menores de tres años, conforme el último Folleto de datos estadísticos de medidas de protección a la niñez.

La Asociación Estatal de Acogimiento Familiar (ASEAF) ha pedido al Gobierno que se comprometa a localizar una familia de acogida a todos estos pequeños y pequeñas. En conjunto, en España hay unos diecisiete menores que medran en centros residenciales.

Dada esta situación, Raúl Serrano anima a las familias a apostar por el acogimiento. «Si tienen cualquier duda, que charlen con familias que ya acogen y se la van a eliminar, el acogimiento es uno de los ademanes de amor auténtico más fuertes que se pueden hacer en esta vida», apunta.

El directivo del reportaje ‘Así medran los enanos’ explica que no puede asegurarse que va a ser un camino simple, mas asevera que ninguna familia agradable se arrepiente. En este sentido, agrega que, aun si no es por un buen tiempo, por lo menos ese pequeño o pequeña tendrá la experiencia de pertenecer a una familia.