Guru Pacheco, dueña de Guru Pacheco Hair Studio y miembro de la Organización Nacional de Belleza (ONB), lleva treinta y uno años trabajando en el ámbito de la imagen y 8 dirigiendo su negocio en Arroyomolinos.

Pacheco es una de las tantas profesionales perjudicadas por la coyuntura económica que atraviesa el sector: «La subida del Impuesto sobre el Valor Añadido en dos mil doce se tradujo en despidos masivos y salones cerrados y hay familias en la calle que no pueden ni comer, por el hecho de que fue una subida increíble».

«Yo tenía un equipo de 3 personas trabajando conmigo y ahora estoy sola por el hecho de que no me puedo permitir el lujo de contratar a una persona a fin de que me asista», narra la profesional. A lo que agrega el «tiempo extra» que precisa invertir día tras día para lograr llegar a fin de mes: «Debemos meter muchas más horas en el salón para poder aguantar los pagos», asegura Pacheco.

Además de esto, narra que, debido a la pandemia y a la situación sanitaria actual, su peluquería no cierra a mediodía para comer, como anteriormente sí pasaba. Las limitaciones presentes le impiden hacerlo, en tanto que implicaría un menor número de clientes del servicio y sus beneficios se verían enormemente reducidos. «Si nos bajan el Impuesto sobre el Valor Añadido vamos a tener más opciones y vamos a poder dar trabajo a otras personas, mas de este modo es imposible», explica.

«Pago unos dos mil euros de impuestos trimestrales»

La dueña del negocio paga, por alquiler y cuota de autónomos, novecientos ochenta y seis euros mensuales (sin contar el Impuesto sobre el Valor Añadido del alquiler). Mas quedan muchos otros gastos frecuentes que abonar cada mes: agua y luz, entre otros muchos. La subida del suministro eléctrico ha provocado que las facturas doblen el gasto: «Un compañero ya antes pagaba seiscientos euros mensuales de media solo por la luz y ahora hace frente al doble».

No obstante, lo que más esmero supone a los profesionales de los centros de peluquería son los impuestos que deben abonar trimestralmente: IRPF, Impuesto sobre el Valor Añadido del local y el Impuesto sobre el Valor Añadido propio por ejercer la profesión: «Cada 3 meses debo abonar dos mil euros de impuestos, más o menos. Nos machacan a impuestos«.

La rebelión de las tijeras rotas

Hace nueve años que el Impuesto sobre el Valor Añadido del campo de la imagen personal subió del diez al veintiuno por ciento, si bien en el caso de ciertos establecimientos, como peluquerías, del ocho al veintiuno por ciento, produciendo de esta forma grandes inconvenientes financieros.

Coalición Empresarial, una organización que nació hace 3 años y que une a miembros del campo de la peluquería, estética y también imagen personal en toda España para pelear por la bajada del Impuesto sobre el Valor Añadido en el ámbito explica que la subida del impuesto de dos mil doce ha provocado que hayan cerrado ocho.800 salones, conforme una investigación elaborado de la Asesora Key Stone a solicitud de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética.

Por tal razón, la iniciativa emprendida por la Coalición Empresarial, famosa como `La rebelión de las tijeras rotas´, fomenta desde principios de año quejas en diferentes urbes del país. Hasta el instante, la organización ha citado más de trescientos manifestaciones y se han mandado más de dos mil quinientos cartas a la Moncloa para demandar al Gobierno que tome medidas urgentes y devuelva al ámbito el Impuesto sobre el Valor Añadido que le toca.

La última encuesta efectuada por Coalición Empresarial manifiesta que los salones de estética y peluquería con un solo empleado en España suponen hoy el sesenta y seis con veintidos por ciento del conjunto, prácticamente el doble que hace un año, lo que refleja que la pandemia ha provocado que se imponga el autoempleo y la autonomización: un noventa con ocho por ciento de los salones tiene 3 o bien menos empleados, lo que implica un veinte por ciento menos en el número de salones de más de diez trabajadores.

Por su lado, Virginia Velasco, presidente de la organización [email protected] por la capital de España, colectivo que asimismo es parte integrante de esta Coalición, reclama que la subida del Impuesto sobre el Valor Añadido de dos mil doce estaba prevista “por tiempo definido, mientras que pasara la crisis”.

La facturación del ámbito ha caído un cuarenta por ciento en el último año

Es esencial remarcar que esta reducción de Impuesto sobre el Valor Añadido se demanda para aplicarse a los servicios que prestan, no a los productos que emplean. Velasco recuerda que “como se trataba de algo temporal, las peluquerías asimilaron esa subida y no volcaron el costo en el costo del usuario, puesto que estábamos en una crisis económica muy grande”.

“Tenemos la previsión de que cerrarán más o menos diecisiete peluquerías y centros de estéticas a partir de aquí». Del total, el dieciocho por ciento pertenecen a la capital de España, lo que supone unas tres mil peluquerías. Además de esto, a estos datos «hay que sumarle los nueve.000 establecimientos que han ido cerrando desde la subida en 2012”, narra la presidente de la asociación.

Y añade: “Este Impuesto sobre el Valor Añadido actual supone más de ciento setenta millones de euros de pérdidas que va a dejar de ganar el Gobierno con el cierre de estos centros”. Además de esto, la facturación del campo ya ha caído un cuarenta por ciento en el último año, conforme señala la organización.

«Veto antidemocrático»

José Luis Azañón, portavoz de Coalición Empresarial y dueño de la cadena de salones y peluquerías Rizos, resalta que «el resto de ámbitos que asimismo contaban con un Impuesto sobre el Valor Añadido reducido ya lo han ido recobrando, como las floristerías, menos el nuestro, que es el eterno olvidado».

Azañón explica que, el Partido Socialista, cuando estaba en la oposición, apoyaba las reivindicaciones del ámbito, «llegando aun a impulsar propuestas de ley en el Congreso de los Miembros del Congreso de los Diputados». En verdad, tras el ascenso al poder del partido en dos mil dieciocho, el portavoz asegura que se llenaron las esperanzas.

No obstante, en un primero instante, el partido, ya en situación gobernante, aseguró que «no era el instante pues había otras prioridades«. Aun, Azañón explica que les llegaron a decir que la UE era la que ponía obstáculos para ejecutar esa ley, si bien el portavoz asegura que es «completamente falso».

«Cuando llegó la pandemia, la disculpa fue de nuevo que tampoco era el instante pues la situación era muy difícil», afirma Azañón.

Además de esto, el portavoz narra que Coalición Empresarial presentó en el mes de septiembre de dos mil veinte un cómputo fiscal que reflejaba que, si se sostenía exactamente la misma situación, entre un veinte y un veinticinco por ciento de los establecimientos del campo debería cerrar, lo que supondría asimismo una gran pérdida para las arcas del Estado: «Esto supondría más personas en paro, más empresas sin abonar impuestos, menos empleados cotizando en la Seguridad Social etc…».

Una peluquera que trabaje sola no llega a cobrar ni setecientos mensuales

No obstante, ahora ese cómputo fiscal se ha quedado obsoleto, por el hecho de que la realidad ha sido peor, afirma el portavoz: “Desde el inicio de la pandemia, ya han cerrado el treinta y cinco por ciento de nuestros establecimientos, y se prevé que esta cantidad aumente».

La primordial indignación, conforme explica Azañón, es que la ley para rebajar el Impuesto sobre el Valor Añadido del ámbito había sido aprobada en el Senado, exceptuando el Partido Socialista Obrero Español, hasta el momento en que este decidió cancelarla, lo que el portavoz llama como “veto antidemocrático”: “Es la primera vez que, en democracia, el Ejecutivo le afirma al Legislativo que no le vale lo que ha aprobado legalmente y que debe anularla”.

Ahora, la capacitación espera impaciente la promesa de reunirse con la ministra Montero, prevista para este mes de septiembre. Se prevé que, en la aguardada asamblea, Montero explique por qué razón hasta el momento ha sido imposible esa reducción de Impuesto sobre el Valor Añadido y demandar medidas de acción concluyente que eviten una demacración mayor y la desaparición de estos establecimientos: “Ni si desee pedimos que nos bajen más el Impuesto sobre el Valor Añadido, sino nos devuelvan el que teníamos, que era por el que tributábamos”.

La precariedad de un ámbito esencial

Aparte de los servicios tradicionales, como puede ser recortar o bien lavar el pelo, estos centros asimismo ofrecen servicios más concretos a personas con movilidad reducida o bien aun tratamientos para pieles a personas que pasan por quimioterapia o bien que padecen otras afecciones graves, por servirnos de un ejemplo.

Las consecuencias han sido semejantes que, ya antes de la crisis, el sesenta por ciento de los trabajadores en el campo eran empleados y el cuarenta por ciento autónomos, y ahora solo hay un cuarenta por ciento de empleados, en tanto que el resto se ha visto obligado a transformarse en autónomo, puesto que no se puede mantener la empleabilidad.

Así, la profesión se ha vuelto precaria pues las ventajas son más reducidos y los salarios muy bajos: “Hemos hecho la cuenta y bajar el Impuesto sobre el Valor Añadido al diez por ciento supone que una peluquera que trabaje sola pueda tener una nómina de novecientos euros, puesto que la de ahora no llega ni a los setecientos euros, que es lo que al final se lleva a casa. De ahí que afirmamos que los autónomos tenemos ahora un trabajo precario, por el hecho de que no llegamos ni al sueldo mínimo”, concluye Velasco.

Además de esto, la presidente de la asociación madrileña apunta que la pandemia y las limitaciones actuales han empeorado la situación: “No podemos dejar pasar al mundo entero y hay peluquerías pequeñísimas que no cumplen con los metros cuadrados para que haya múltiples clientes del servicio, y ya no puedes dejar a una clienta con el color puesto mientras que a otra persona le cortas el pelo, por servirnos de un ejemplo, por el hecho de que debemos atender de uno en uno, y nuestra profesión es de contacto”.

En esta línea, asimismo ha aumentado el gasto de limpieza pues ahora se consumen más guantes y capas tirables, geles hidroalcohólicos o bien productos de desinfección por norma general.