Pese a que la villa de Madrid es la zona con mayor número de enfermeras escolares de toda España, esta figura aún no se ha extendido a todos y cada uno de los centros de educación. La plantilla actual ronda los seiscientos profesionales, cifra que resulta deficiente a juicio de ciertos sindicatos que demandan una enfermera por centro. No obstante, el volumen del personal contratado no es el único inconveniente que denuncian. La falta total de material sanitario esencial proporcionado por la Administración fuerza a las enfermeras a “traerlo de casa” o a buscar opciones alternativas de incierta eficacia, algo que empeora la calidad del servicio.

Una camilla, un tensiómetro, un pulsioxímetro, vendajes o una nevera donde guardar fármacos son ciertos elementos precisos para cualquier puesto de enfermería. Conforme el sindicato mayoritario del ámbito, Satse, son las direcciones de los centros los que deciden si asignan o no partidas económicas para la adquisición de este material. Así, aseguran que no hay unas condiciones mínimas demandadas por la Consejería de Educación para la enfermería escolar por lo que “en la mayor parte de centros no hay dinero destinado ni a lo más básico”.

Fuentes de la Consejería dirigida por Enrique Ossorio confirman que son los propios centros los que “pueden adquirir material en su autonomía de gestión” por medio de los fondos que anualmente se destinan para gastos de funcionamiento. De esta forma, la Comunidad de la capital de España no tiene establecida ninguna normativa en este sentido y comprende que un puesto de enfermería escolar puede marchar sin ningún género de material sanitario o de herramientas básicas. “Los profesionales están contratados para cubrir las necesidades de clase sanitario de los centros”, explican.

Camillas regaladas y neveras compartidas

“Cuando llegué al centro la directiva me afirmó que metiese los fármacos en la nevera de la sala de profesores, mezclando comestibles con medicación”. Esta es la realidad que describe Gema, una enfermera con veinte años de experiencia en la profesión que prefiere sostener el anonimato y no descubrir el centro en el que trabaja por temor a que no le renueven su contrato. En los últimos un par de años ha trabajado en dos centros de educación y se ha encontrado con exactamente la misma situación.

Asegura que en los dos casos ha debido ser la que ha proveído de material su puesto de enfermería ya que ni la Comunidad de la capital de España ni la dirección escolar aportaron un solo euro para esto. “He debido buscar recursos por mi cuenta. Este año la camilla me la ha regalado una amiga que es fisioterapeuta. Habitualmente, el material lo debemos poner nosotras por el hecho de que hay una dotación económica mínima”, especifica.

«Me donaron la camilla»

Explica que en el curso pasado logró una dotación económica por la parte del AMPA de su centro, con la que pudo pertrechar el puesto de enfermería del material y las herramientas suficientes. No obstante, la situación ha sido diferente en el centro en el que trabaja hoy en día. “En esta enfermería a la que he llegado he aportado todo el material mediante amigas que trabajan en centros de salud o de cosas que me he traído de casa. Aporto el aparato de la tensión, el pulsioxímetro, los termómetros están por la pandemia y la camilla por donación”, apunta Gema.

Esta no es la única falta de la enfermería escolar. Conforme fuentes de Satse y conforme el testimonio de Gema, en una mayoría de casos ni la Consejería de Educación ni los centros ofrecen un sitio conveniente de trabajo. “Tienen que estar en un almacén, en segregaría o deben compartir espacio en el comedor de los profesores cuando los pequeños precisan intimidad”, demanda esta enfermera, que critica las “carencias” de este servicio.

Por la parte de la Comunidad de la villa de Madrid, insisten en que son los centros los que deben organizar y decidir los recursos materiales y en materia de infraestructura que deben tener. Así, conforme fuentes el Gobierno regional la responsabilidad de las condiciones laborales de las enfermeras escolares recae sobre los propios centros, que son a su vez responsabilidad del propio Ejecutivo madrileño.

Enrique Ossorio, consejero de Educación y vicepresidente del Gobierno regional

La diabetes, criterio primordial

El criterio de selección esencial por el que la Consejería de Educación comprende como preciso que en un centro de educación haya una enfermera contratada es que algún pupilo sufra alguna enfermedad crónica. Conforme fuentes del área, “se priorizan las demandas justificadas de atención sanitaria diaria indispensable y continuada, como puedan ser los casos de diabetes en pupilos de corta edad, que no pueden ser atendidos de ninguna otra manera”, explican.

De este modo, una parte esencial de la tarea de las enfermeras escolares es encargarse de la medicación y de la nutrición de los pupilos diabéticos más pequeños, si bien no es la única labor que efectúan. “Aunque estás contratada para esta necesidad concreta, haces de todo. Es tal y como si fuera una consulta. Cualquier caída, cualquier fractura, cualquier convulsión o cualquier necesidad que brote la atiendes”, especifica Gema, quien acepta estas labores como una parte de su trabajo.

«Tenemos grandes faltas»

No obstante, hay otro género de actividades que efectúan ciertas enfermeras que no están remuneradas ni tampoco demandadas. “Hacemos actividades de promoción para la salud, talleres para el estudiantado, para los enseñantes, para las familias y para los trabajadores del comedor. Esencialmente, las alergias que pueden generar shocks anafilácticos se dan en el comedor por una ingestión eventual. La primera actuación la deben efectuar ellos por lo que es bueno que sepan de qué manera hacerlo”. Gema es siendo consciente de que esta clase de tareas pedagógicas no están contempladas entre sus funciones ni en su contrato laboral.

Desde la Consejería de Educación, confirman que las enfermeras escolares están contratadas para efectuar servicios sanitarios, por lo que ninguna actividad pedagógica queda sosten a remuneración alguna.

Satse demanda “una enfermera por centro”

El sindicato de enfermería Satse y el Instituto de Enfermería de la capital española (Codem) han cifrado en mil cuatrocientos veintiocho los pupilos por cada enfermera escolar en la zona y han pedido una asamblea con el vicepresidente y consejero de Educación, Enrique Ossorio, para pedir la contratación de cuando menos setecientos enfermeras escolares y que haya una en todos y cada centro, tanto público como concertado.

Concretamente, la Comunidad de la capital española cuenta para este curso con unas seiscientos enfermeras escolares para un total de un millón de pupilos repartidos en mil seiscientos setenta y siete centros públicos y otros quinientos sesenta y cuatro concertados, lo que supone una ratio de 1 enfermera por cada mil cuatrocientos veintiocho pupilos», señalan.

Unos datos «completamente deficientes», teniendo presente la recomendación europea de 1 enfermera por cada setecientos cincuenta pequeños, una ratio que la Comunidad de la villa de Madrid prácticamente duplica, por lo que solicitan por lo menos setecientos profesionales más y la creación de «una Bolsa de contratación» para agilizar el proceso.

“Debería haber una enfermera en todos y cada uno de los centros. El año pasado atendí a múltiples pequeños que se habían fracturado algún hueso. Tú eres quien diagnostica de forma inicial, quien hace la primera valoración neurológica. Si no estás, se encarga el personal enseñante que no tiene conocimientos sanitarios, algo que puede empeorar el estado de salud de los menores cuando hay casos graves”, opina Gema.

Juan José Hervías es uno de los portavoces del sindicato Satse. Para él, supone una necesidad que la Comunidad de la capital española aumente las contrataciones en este sentido y asegura que el criterio de asignar un profesional sanitario solo en centros donde haya pupilos con enfermedades crónicas es un fallo. En este punto, apunta este portavoz las diferencias entre los centros públicos y privados.

“Es como una suerte de señal propia. La mayor parte de centros privados y parte de concertados tienen en su oferta un puesto de enfermería. Pensamos que es una discriminación y que el Gobierno regional debe ofertar a toda la población de la asistencia de una enfermera en todos y cada uno de los centros”, mantiene Hervías, que pese a ser siendo consciente del enorme gasto que supondría para las arcas públicas, comprende este recurso como preciso para toda la red educativa madrileña.