Por más que el Gobierno está festejando desde el día de ayer la convalidación del decreto de la reforma laboral, tiene poco de lo que alegrarse, salvando, como resulta lógico, el resultado final.

Las razones son las siguientes:

  • Salvó la votación por un fallo, específicamente la de un miembro del Congreso de los Diputados del Partido Popular, Alberto Casero
  • Ese fallo hubo de ser por lo menos tratado, puesto que lo avisó desde horas ya antes de la votación presencial e inclusive se presentó en el Congreso, mas no se le atendió
  • El Gobierno fundamentó su victoria por tan solo dos votos que había pactado a última hora con UPN a cambio de unas contrapartes en el Municipio de Pamplona en favor de este partido navarro
  • Su único sustento límite, el de UPN, era débil y en verdad los dos miembros del Congreso de los Diputados se brincaron la disciplina de voto y estuvieron a puntito de arruinar el pacto

Dicho de otra manera: tras meses de negociaciones entre patronal y sindicatos, salía adelante la enorme reforma laboral que clamaban a toda voz desde el Gobierno. Era la enorme baza política que esgrimía como propia la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.

Mas ha sido un descalabro siguiente de Díaz, inútil de administrar bien el pacto de los agentes sociales para lograr los ‘síes’ precisos. Se negó en banda a negociar cualquier punto con PNV y ERC, los primordiales asociados de la legislatura, y concretamente los catalanes se quejaron de las formas.

Cuando comprobó que no podía llevar a la votación la reforma laboral con estos conjuntos que le habían sido fieles a lo largo de lo que llevamos de legislatura, se fijó en otros partidos, si bien al comienzo no deseaba, mas el Partido Socialista Obrero Español sí. Charlamos de Ciudadanos, que de alguna forma se va a cobrar su ‘sí’. En política nada es sin coste.

Asociados casuales

El sí de los naranja, que no agradaba a Díaz, era deficiente, y hacía falta más pactos. Por eso el Partido Socialista Obrero Español llevase la voz vocalista en la negociación y se fijó en conjuntos pequeños o bien que aun no tienen conjunto propio, como es el caso de UPN. Asimismo se sumaron los nacionalistas catalanes moderados del PDeCat, un partido al que le queda de vida lo que queda de legislatura.

El resto de votos convenientes venian de partidos de un miembro del Congreso de los Diputados o bien pocos más, como Más País-Compromís, Alianza Canaria, Nueva Canarias, Teruel Existe y PRC.

Mas el descalabro es total, alén de la pírrica victoria final: el Gobierno se lo jugó algo tan esencial como la reforma laboral, vital para su iniciativa legislativa y también imagen pública, en los votos de un partido consevador como el navarro, que al final padeció esa traición de sus dos miembros del Congreso de los Diputados irredentos. Si no fuese por un lamentable fallo técnico del miembro del Congreso de los Diputados extremeño del Partido Popular Alberto Casero, ahora estaríamos hablando de una crisis total en Moncloa.

Alberto Casero, a propósito, si bien eso no lo cuenta el Partido Popular, ya se había equivocado en votaciones en casos precedentes. No fue algo puntual ni un fallo informático, semeja.