La fuerza que se oculta en Oncología Infantil del Centro de salud Pequeño Jesús

La fuerza que se oculta en Oncología Infantil del Centro de salud Pequeño Jesús

Agarráis. Con tilde. Para retumbar fuertemente en todas y cada una de las habitaciones del Centro de salud Pequeño Jesús que desde mayo de dos mil dieciocho le ven jugar. Con doce años, mantiene con sus manos la fuerza precisa para vivir cuarenta y dos sesiones de quimioterapia y oír un diagnóstico: “nueve meses de vida”. Mas al final solo se trata de eso, un papel con oraciones. Un folio que reúne decenas y decenas de palabras médicas que no definen a absolutamente nadie. Mucho menos a un pequeño que busca volar y recorrer el planeta en una caravana. Esta es la historia de Agarráis Benito Izaola que, con poco más de un década a sus espaldas, ya cuenta con más fuerza que la de muchos adultos.


Fue en mayo de dos mil dieciocho cuando su familia recibió el papel firmado en el que señalaba que aquellos cefaleas, mareos y vómitos -que desde febrero empezó a sufrir- hallaban explicación. Conforme cuenta su madre, Izaskun Izaola, llevaron múltiples veces a Agarráis al pediatra donde le señalaron que se trataba de jaquecas y que no existía una razón por la que preocuparse. Todo se tornó en el momento en que una mañana, al salir del instituto, Agarráis apreció de qué manera le flojeó la parte izquierda del cuerpo y decidieron llevarle a emergencias en su urbe de vivienda, Palencia. Fue allá donde le confirmaron que un TAC mostraba una masa en su cerebro, razón por la que se explicarían todos y cada uno de los síntomas.

“Cuando me enteré me parecía totalmente irreal”. Izaskun no creyó nada de lo que ocurría, mas los cambios no habían hecho más que iniciar. Tras la nueva, en el centro de salud de Palencia le comentaron que debía desplazarse al Centro de salud Pequeño Jesús, un centro hospitalario frente al parque del Retiro donde podían darle la atención y los cuidados precisos. Esta resolución supondría más de un año fuera de casa. Caras nuevas. Significados nuevos. Heridas, literalmente, abiertas. Y 2 hermanas que medraban separadas de Agarráis.

Tras una operación en la que le redujeron el tumor, empezó el tratamiento. Radio y cuarenta y dos sesiones de quimio con días “eternos” en el ala de oncología de un centro referente en casos de cáncer infantil. “Lo peor era aislamiento”, asegura su madre. “Mi entretenimiento consistió en ver de qué forma pasaban las horas, tiempo que medía con las comidas que le daban. De este modo, cuando le ofrecían la cena sabía que el día acababa”. Mas los días con Agarráis ingresado no llegaban a su fin. Su único respiro pasaba por caminar a lo largo de la hora y media en la que a él le daban clase en el centro de salud. El Retiro, ese parque que ha visto medrar y volar a miles y miles de pequeños, le daba todo el oxígeno que perdía toda vez que entraba en la habitación.

Tras meses y meses de idas, venidas, viajes, vivir separados, plañir tras su hijo y expresar una sinceridad exuberante, aquel diagnóstico en el que le confirmaron que solo le quedaría “nueve meses de vida”, se distancia mucho de la realidad en la que viven ahora. Ya ha pasado año y medio desde ese momento, y el tumor de momento no se ha desarrollado más. En nuestros días, Agarráis ha vuelto a su sitio de vivienda con su familia, Palencia, y solo debe asistir cada miércoles a la villa de Madrid para percibir un tratamiento experimental que pueda ‘acorralar’ y quitar esta enfermedad.

Festejar la vida tal y como si mañana se tratara del último día

La enfermedad de Agarráis provocó un cambio de prioridades en la vida de su familia: “Todo lo demás pasa a un segundo plano”. Gozar un paSeo, el aire en la cara, 2 horas de paz lejos de las habitaciones hospitalarias, un abrazo, una llamada… “Esto me ha enseñado a valorar la vida, las amistades, mi familia.” Por otra parte, no niega que el temor prosigue mas “has de saber supervisarlo”.

“Cuando te dan una nueva como esta existen 2 formas de afrontarlo: una consiste en abrirse a el resto y otra guardártelo para ti”. El apoyo con los familiares resulta “fundamental”, tanto que se les precisa cerca para esos instantes en los que degenera la vitalidad. En este tiempo, la madre de Agarráis ha aprendido a meditar en positivo y a alegrarse por otros pequeños que comparten su historia tal y como si fuera sus hijos.

Todo cambia. El cuerpo. Las prioridades. Aun las opiniones. Esta mujer, que era catequista, asegura que la fe no la ha perdido mas sí le ha preguntado a Dios en numerosas ocasiones «por qué razón a su hijo». En el momento en que un pequeño padece cáncer se procuran contestaciones y culpables. “Me he culpado a lo largo de bastante tiempo”, asegura.

El cáncer agota mas no termina con los sueños

Agarráis, natural de Palencia, tiene una fuerza aterrador. Explica con una sinceridad incontenible su enfermedad. Una enfermedad que, como es natural, no le impedirá cumplir su sueño: adquirir una caravana y recorrer el planeta. Con esta idea se levanta cada mañana y se encara a un nuevo día. Sonríe por los corredores, no comprende por qué razón si ya se halla bien debe continuar acudiendo al centro de salud. Se ríe de sus cicatrices de guerra -y de vida-. Ironiza al explicar que la ausencia de pelo en determinadas zona de la cabeza se debe a que cuando fue a una peluquería el barbero que le cortó el pelo no le comprendió bien y también hizo lo que deseó.

Con doce años ha visto de qué forma la enfermedad ha perjudicado a otros pequeños como . Pequeños que ya no están físicamente, mas continúan siempre y en toda circunstancia no solo en sus familiares, asimismo en toda la fuerza que plasman cuerpos tan pequeños y con tanto coraje. Resulta increíble meditar que hay personas que no levantan un metro del suelo y no obstante, ocupan un centro de salud, el Retiro y la capital de España entero.

Los ángeles del ala de oncología infantil

No todo son los medicamentos. Los pinchazos a la primera hora de la mañana o bien los diagnósticos precoces. Hay otra parte fundamental en este proceso y indudablemente son los ángeles que velan por el cuidado y la atención diaria, nocturna y prácticamente a cada segundo de todos y cada uno de los pequeños que duermen y luchan de forma continua en el ala de Oncología Infantil del Centro de salud Pequeño Jesús.

Los días empiezan a las seis de la mañana para el personal del centro de salud y los progenitores mas no para los más pequeños. Los pacientes, que viven con un catéter -un aparato instalado en su cuerpo de forma permanente a fin de que no deban ser pinchados continuamente- no son siendo conscientes de que cada mañana los enfermeros entran a las habitaciones con linternas para no despertarles y les sacan sangre para iniciar con las analíticas cada día. La supervisora de enfermería de Oncología Pediátrica del centro de salud, Pilar Herreros, explica que lo esencial es «respetar los tiempos de reposo» y por esta razón, se procura entrar en los espacios con el mayor cuidado posible.

Conforme cuenta, tras los primeros análisis, se adecenta a los pequeños y se les da de desayunar con las medicaciones pertinentes. A las diez de la mañana empiezan las clases, donde un maestro cualificado ubicado por la Consejería de Educación de la Comunidad de la capital de España acomoda las clases para cada uno de ellos de los menores que allá se hallan. Estudian exactamente las mismas asignaturas troncales que en sus colegios: «El maestro se ha puesto en contacto anteriormente con el instituto y conoce la situación educativa de cada uno de ellos de ellos». Después, los pequeños comen y tienen unas horas de reposo. Ya antes de la cena, en torno a las diecisiete horas, gozan de actividades lúdicas que les dejan, no solo a las familias sino más bien a ellos asimismo, evadirse y reposar.

A lo largo de todo el día, el personal hospitalario –con una delicadez y simpatía aplastante-, busca instruir a los pequeños y las familias la cara menos obscura de esta enfermedad. «Acá no se deja de combatir. Si el diagnóstico no es bueno, hay siempre y en toda circunstancia que decirlo mas dejamos una puerta abierta», sentencia Herreros. Apunta que aparte de los medicamentos y el trabajo en los centros de salud, una cosa fundamental es el ánimo de los padres:»Si los progenitores sonríen, los pequeños asimismo».

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