Ni la nueva Plaza de España ha escapado a las pintadas. Apenas 4 meses tras su reforma y reapertura al público el aerosol ya borroneaba su imagen renovada. Como este emplazamiento, miles más en los que los grafiteros dejan un indicio que el Municipio de la villa de Madrid debe borrar: hasta ciento dieciocho actuaciones de limpieza al día efectuó el personal municipal en dos mil veintiuno. Dado este volumen de trabajo, el área de Medio Entorno y Movilidad que dirige Borja Carabante ha autorizado un nuevo contrato de administración del servicio público de limpieza urgente (Selur) que contempla la creación de las ‘patrullas antigrafitis’, unidades dedicadas en exclusiva a suprimir las pintadas salvajes en la capital.

El Selur solo interviene ahora para suprimir pintadas alusivas, amenazantes o que puedan producir alarma social contra personas o instituciones. Con las nuevas ‘patrullas’ antigrafitis, la cobertura se amplía a cualquier temática. Esta unidad, que va a estar activa en el mes de junio, la conformarán cincuenta y uno obreros en turnos de día de diario y fines de semana. Con ellos, el Consistorio espera contestar a los grafitis «con mayor velocidad y eficacia». Además de esto, asimismo como novedad, se van a poder retirar las pintadas sobre superficies metálicas, metacrilatos y de plástico.

El presupuesto destinado al Selur para los próximos 8 años se ha aumentado un ciento cincuenta y ocho por ciento con respecto al pliego precedente. Así, va a pasar de los ocho con nueve millones de euros al año actuales a veintitres. De ellos, prácticamente 6 millones se emplearán en la retirada de los grafitis. Los vecinos van a dar aviso en los canales de atención al ciudadano cuando adviertan estas pintadas y la compañía concesionaria del Selur procederá a su supresión en un plazo máximo de un par de meses desde el momento en que reciba la comunicación. Sin embargo, cuando se trate de grafitis alusivos se borrarán en menos de 3 horas.

En la capital de España se efectuaron cuarenta y dos y novecientos noventa y cuatro servicios de limpieza el año pasado para retirar las pintadas salvajes estampadas sobre ciento sesenta y siete mil seiscientos noventa y tres metros cuadrados de testeras de edificios. A pesar de lo elevado de las cantidades, en dos mil diecinueve fueron aún más voluminosas, alcanzándose las sesenta y nueve y doscientos sesenta y nueve intervenciones, unas ciento noventa al día. Acorde a la rebosante actividad de los grafiteros y el daño a la imagen de la urbe que ocasionan ciertos, el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida endureció en el último mes del año de dos mil diecinueve las sanciones frente a las infracciones.

Ciertas multas se duplicaron e inclusive tresdoblaron. En el caso de las pintadas sobre los cierres comerciales o elementos asociados a actividades económicas se elevó de quinientos a mil euros; sobre moblaje urbano, muretes o pilares y puertas, de trescientos a seiscientos euros; o en edificios simbólicos, las multas por pintadas de menos de un palmo ascienden a dos mil euros y las que lo superan, tres mil euros.