Con ocasión del 10º aniversario de RECURRA-GINSO, un programa que ofrece apoyo a las familias en situación de enfrentamiento con sus hijos y también hijas adolescentes, y en el marco de su campaña Una psique sana comienza en la niñez, sus especialistas han meditado sobre los Trastornos de la Conducta Alimenticia (TCA), y consideran que el verano influye significativamente en los jóvenes que sufren esta enfermedad, en tanto que puede suponer un instante de recaída o bien empeoramiento.

No obstante, estiman que el periodo vacacional asimismo puede ser un buen instante a fin de que los progenitores presten singular atención a la conducta de sus hijos y de esta manera advertir el inconveniente a la mayor brevedad. El verano, un instante frágil para los trastornos de la conducta alimenticia “Para las personas que padecen un TCA, la temporada del verano resulta una de las más complejas a las que enfrentarse, en tanto que se ha comprobado que los meses precedentes se tiende a adelantar emociones y consecuencias desapacibles de de qué forma pueden trascurrir estas datas si no se alcanzan los objetivos establecidos, llegando aun a influir en la medida que admiten su cuerpo”, comenta Marina Viejo, sicóloga del Centro Terapéutico RECURRA-GINSO. Conforme la profesional, es a lo largo de esta estación, cuando “alcanzar el cuerpo perfecto” se transforma en una de las mayores preocupaciones de las personas y de forma especial, de los adolescentes. “Además, a lo largo de este tiempo vamos a la piscina o bien a la playa tendiendo a una mayor exposición de nuestros cuerpos, y son estos los contextos que para una persona que está insatisfecha con el suyo pueden resultar sumamente complicados”, explica Viejo. Sin embargo, el verano puede ser una ocasión a fin de que los progenitores presten más atención a la conducta de sus hijos para de esta manera advertir cambios en su rutina y dieta, una preocupación excesiva por la imagen, ejercicio apremiante, o bien la evitación de acontecimiento familiares o bien sociales, que son ciertas señales de alarma que nos pueden asistir a una detección temprana y, por tanto, a un mejor pronóstico de restauración. “La pérdida o bien ganancia de peso en escaso tiempo, el temor intenso a engordar o bien un bajo estado anímico son otros signos a tener en cuenta”, explica Viejo.

La familia, un apoyo esencial para la prevención y la restauración Conforme los especialistas en salud infanto-juvenil de RECURRA-GINSO, la adolescencia es una etapa vital de cara al desarrollo de una buena autoestima, en la que acostumbra a darse una excesiva relevancia a la imagen, produciendo una mayor vulnerabilidad a los cánones de belleza básicamente admitidos por la sociedad.

Por este motivo, el papel de los progenitores y los miembros de la familia es esencial. “Transmitir la relevancia de una nutrición equilibrada y de no fundamentar su autoestima en su aspecto físico pueden ser factores protectores para no padecer trastornos alimentarios”, remarca Viejo. “Las redes sociales asimismo son otro factor determinante a tomar en consideración, puesto que se acostumbra a lanzar el mensaje de que la dicha y el éxito dependen de la apariencia física, hechos que, en edades frágiles puede dar sitio a una grave distorsión en su autoconcepto y su autovaloración”, explica Viejo. En este sentido, los progenitores y los profesionales deben ofrecer herramientas informativas de la repercusión de las redes sociales y de los peligros que acarrean. Los factores de peligro que favorecen el desarrollo de esta clase de trastornos, pueden ser individuales, familiares o bien sociales, y jamás un solo factor acostumbra a ser la causa de un trastorno alimenticio.

No obstante, los profesionales del programa estiman que es responsabilidad de los progenitores promover un entorno seguro donde los adolescentes se sientan apoyados. “Un entorno familiar disfuncional o bien sobreprotector, preocupación excesiva por el peso y la figura anatómico, la carencia de expresión cariñosa y de comunicación, las altas esperanzas y un alto grado de demanda, son ciertos factores que, a nivel familiar, pueden favorecer el desarrollo de un TCA”, explica Viejo. Conforme el programa, la recomendación es crear un tiempo de confianza que favorezca poder sostener una charla con la persona sin juicios ni acusaciones y a posteriori, asistir a un profesional. “En ocasiones, se pueden enseñar resistencias o bien localizar una negativa, por este motivo es esencial ofrecer diferentes opciones y hacerle entender que la situación que está atravesando les preocupa”, cuenta Viejo.

Asimismo recomiendan no interrumpir el tratamiento a lo largo del verano. “Es aconsejable que se siga interviniendo bajo otra metodología como el formato on-line debido a que el abandono a lo largo de largos periodos de tiempo puede derivar en un empeoramiento de la psicopatología”. Sin embargo, si el tratamiento estuviera en una fase avanzada, puede ser una ocasión conveniente para poner en práctica las estrategias adquiridas.