El tradicional entierro de la sardina de la villa de Madrid, protagonizado por la Alegre Cofradía en la Casa de la Villa, ha tornado este año en una reivindicación contra la guerra en Ucrania. «Que este enfrentamiento acabe cuanto antes mediante la paz», han manifestado al principio del pregón, donde han pedido además un aplauso «por la paz y el pueblo ucraniano».

Sentidas plañideras con velo, cofrades con capa negra y sombrero de copa han llevado el ataúd de la sardina frente al regidor de la capital de España, José Luis Martínez-Almeida, para despedir a Don Carnaval y percibir a Doña Cuaresma en un acto reivindicativo contra la guerra de Rusia contra Ucrania.

«Si los cobardes que deciden las guerras, tuviesen que ir a pelearlas, viviríamos todos en paz», ha apuntado el cofrade Aure del Rey al principio del pregón frente al regidor, la vicealcaldesa, Begoña Villacís; la portavoz de Más la capital de España, Rita Maestre; la portavoz socialista en Cibeles, Mar Espinar; la encargada de Cultura, Andrea Levy, como el concejal de Centro, José Fernández, y la edil de Vox Aránzazu Pelo.

A lo largo de la lectura, se ha recordado que en el siglo XVIII, «más de 2 siglos van, la villa de Madrid, costa no tenía; Carlos III reinaba y el pescado no venía, ¡y Carolo traerlo mandaba! Le charlaron que si de Huelva, y después de Santander, él por matar las miserias, la sardina hizo traer».

«Cierto es amigos de Cofradía que el transporte* bueno no era, faltaba el Metro y el Cercanías. La Sardina llegó flojeras. De su estado les dio pena y el corazón les tocó, había que respetarla, no había sido su pretensión», han señalado ahora.

De igual manera han recordado las «muchas cosas» que han pasado en el siglo veintiuno, entre ellas «alcaldes, filomenas, mascarillas y encerrados». «Cierto es amigos de Cofradía que con esto de la pandemia ya íbamos teniendo ganas de tener fiesta o bien de ir de feria. Unos afirman que es bocarte, y otros que boquerón, mas lo único es cierto que no es un tiburón», prosigue el escrito.

«En el dos mil veintidos, con el bicho todavía al acecho, sacamos nuestra sardina con chanzas y despecho, y pues se lo merece, ¡deseamos darle un funeral! De Cascorro hasta la Villa, y olé. Múltiples plazas han pasao. Irreverentes proseguimos, y olé. Alegres y desmadrados», expresaba la Alegre Cofradía.

«La sardina ya se está muerto, que pena señor regidor. Con lo fresca que estaba y la sepultamos esta tarde. Con sarcasmo y con charanga, entre gracietas y alegrías sepultamos la sardina, tras más de doscientos años, el funeral sigue. ¡Uy, pobre parrocha mía! Pero… ¿qué te pasa sardina? Estás triste y cabizbaja. Si las reglas lo dejan y la mascarilla no bajas, seguro que don José Luis el año próximo nos obsequia», ha finalizado el escrito.

Ahora ha tomado la palabra el regidor, José Luis Martínez-Almeida, quien ha mostrado su honor de ser cofrade de honor (desde hace un par de años), y ha destacado la «excepcional calidad humana» de la Alegre Cofradía, probada con su recuerdo al pueblo ucraniano.

Ha recordado de qué manera, conforme cuentan las crónicas, hace doscientos cincuenta y cuatro años, «la capital española vivía una catastrófica hambruna y el mejor regidor de la villa de Madrid, Su Majestad Carlos III, encargó de allende la montaña de Castilla, en Santander para más señales, un cargamento de sardinas que, debido a la gran distancia o bien la imperfecta salazón, llegó en lamentable estado a la capital de su Reino».

Por este motivo, fue preciso «enterrar el pescado», que era la «única fuente de proteína animal para los madrileños a lo largo de una Cuaresma que se les echaba encima y que, en aquella temporada, dictaba abstinencia de carne no solo todos los viernes como ahora, sino más bien a lo largo de los cuarenta días que quedaban hasta Semana Santa».

«En seguida, el talento del pueblo de la capital española, chirigotero y siempre y en todo momento tendente a expansivas muestras de júbilo, transformó el funeral en disculpa para visitar periódicamente los frescos rincones lindantes a nuestro río Manzanares, todo ello en una especie de romería a la que pronto se le dio un simbolismo», ha contado el primer edil madrileño.

Sepultar «el pasado»

Recorrido de la Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina

Almeida se ha dirigido a los madrileños, a quienes les ha comunicado que en este acto se sepulta «lo podrido del pasado, los malos instantes del año que pasa». «Y lo hacemos con la pretensión de no recrearnos en ellos y con el propósito claro de que nada ni absolutamente nadie nos quite la sonrisa de los labios, ni la alegría en el corazón», ha apuntado.

«Sepultamos a Don Carnal y resucitamos a Doña Cuaresma. Y lo hacemos para separar de nuestra vista lo pasado, para manifestar nuestra alegría de vivir y a fin de que, sin perder nunca el humor que forma la prenda de honor de esta ilustre, alegre, risueña, optimista y siempre y en todo momento sonriente cofradía del entierro de la sardina», ha finalizado.