La cara política del dos mil veintiuno madrileño es compleja y trascendente a nivel nacional. la capital de España se ha transformado, todavía más, en el sitio donde todo lo esencial ha ocurrido y para esto han sido precisos actores y actrices muy específicos. La bajada de la tensión independentista catalana y la administración «liberal» de la pandemia han logrado establecer un escenario en el que la presidente de la Comunidad de la capital de España se posiciona en el centro del tablero, al lado del presidente de la Nación, Pedro Sánchez, y al presidente de su partido, Pablo Casado. Eso sí, tras esta situación hay un reguero de cadáveres políticos.

Este año, que se termina, no empezó con una sonrisa para Isabel Díaz Ayuso. La cuarta ola de la pandemia golpeaba fuerte y si bien el Centro de salud Enfermera Isabel Zendal ya funcionaba, su administración sanitaria se ponía en duda desde diferentes frentes. Enfrente, la oposición de los conjuntos parlamentarios de la Reunión de Madrid; a un lado, los sanitarios; más arriba, las críticas desde Moncloa; y a su izquierda, aún sentado en el Gobierno regional, Ciudadanos y sus discrepancias sanitarias con su asociada.

El matrimonio sellado en dos mil diecinueve entre una ignota Isabel Díaz Ayuso y también Ignacio Aguado, líder naranja en la zona, tuvo enormes fricciones internas durante los prácticamente un par de años de convivencia. Dentro del Gobierno, era evidente que las dos formaciones aspiraban a cumplir diferentes objetivos de cara a su electorado y a la opinión pública. En verdad, en dos mil veinte los cotilleos de que la presidente deseó pulsar el botón electoral se avivaron en diferentes ocasiones. Los motivos que respaldaban estos cotilleos eran, entre otros muchos, la administración política de la pandemia y la descoordinación entre las distintas consejerías de la Comunidad de la capital de España regidos ciertas por el PP y otras por Ciudadanos.

Uno de los acontecimientos que más irritaron al Partido Popular de Díaz Ayuso fue la manera que tuvo Alberto Reyero, consejero de Políticas Sociales, de administrar el drama en las viviendas de mayores. En dos mil veinte, la situación en los centros sociosanitarios fue desastrosa y se vivieron semanas en las que el triaje pasó factura en forma de vidas mas asimismo en forma política. Esto es debido a que el propio Reyero denunció en forma de carta la falta de recursos y el criterio de triaje utilizado en un comienzo a entidades superiores como Amnistía Internacional, un ademán que hizo medrar la enemistad de las dos formaciones.

Los efectos de Murcia

La tensión entre Aguado y Díaz Ayuso fue medrando en el primer trimestre de dos mil veintiuno. Mientras que la pandemia proseguía su curso, con los confinamientos selectivos de las Zonas Básicas de Salud, y la vacunación empezaba a aplicarse a los conjuntos de población más frágiles, algo ocurrió en Murcia el diez de marzo. Conforme se supo aquella mañana, Ciudadanos y el Partido Socialista habían pactado festejar una petición de censura en la tierra de Teodoro García Egea para quitar al Partido Popular el Gobierno de esa zona. En la villa de Madrid, el equipo de Isabel Díaz Ayuso actuó rapidísimo y puso la maquinaria en marcha activando el botón electoral.

El razonamiento esgrimido por Isabel Díaz Ayuso para convocar elecciones fue que tenía la información de que Aguado preparaba una coalición con los socialistas en la capital de España, tal como había hecho Ciudadanos en Murcia. Esta idea la transmitió la propia presidente en una declaración de 4 minutos en la Real Casa de Correos, tras un Consejo de Gobierno en el que se decidió, entre otras muchas cosas, cesar a todos y cada uno de los miembros naranjas del Ejecutivo, que en ese instante ostentaban 5 consejerías (Economía, Cultura, Políticas Sociales, Transportes y Universidades).

El cese, que afectaba asimismo al vicepresidente, se comunicó por la tarde de ese miércoles y fue tildado de “irresponsabilidad” por Ignacio Aguado, que acusó a Díaz Ayuso de fundamentar el adelanto electoral en una patraña, puesto que no estaba planificando ninguna petición con el Partido Socialista. En todo caso, en aquel instante ya nada podía mudar el curso de los sucesos pues el calendario marcaba una fecha: el 4 de mayo.

En este punto, otro acontecimiento político que tuvo lugar a lo largo de esos día y que fue objeto de discute fueron las peticiones de censura que presentaron los conjuntos de la izquierda en la Reunión de la capital de España. Debido a que una petición de censura es excluyente a una convocatoria electoral, hubo una enorme confusión sobre la legalidad y la prioridad de las dos acciones. Si prosperaban las peticiones, en un comienzo presentadas ya antes del decreto de elecciones, el reparto de escaños habría continuado inalterado, dando margen a Ciudadanos para formar otro Gobierno; si las peticiones no prosperaban, las elecciones determinarían el futuro Ejecutivo en un escenario más peligroso tanto para la izquierda para la capacitación naranja.

La conclusión llegó pronto y tanto los letrados de la Reunión de la capital de España como los servicios jurídicos de la Real Casa de Correos determinaron que la convocatoria de elecciones había llegado ya antes y que eran los comicios lo que debía predominar.

La campaña del cuatro de mayo

En la pelea electoral por el trono político de la Comunidad de la capital española intervinieron 6 partidos con sus 6 aspirantes, no obstante, hubo uno que sorprendió. Pablo Iglesias era vicepresidente segundo del Gobierno de España y llevaba prácticamente un par de años en ese asiento cuando decidió presentarse como aspirante de Unidas Podemos en la zona.

Muchos interpretaron esta salida del Ejecutivo nacional como una consecuencia lógica del desgaste enorme que había amontonado en los últimos tiempos, una circunstancia agravada por la situación pandémica. Otras voces, atribuyeron la resolución a una forma de reflotar el partido concluyendo el liderazgo de Iglesias para lanzar la incipiente figura de Yolanda Díaz, aparte de que la posibilidad de que los morados no consiguieran representación en el Parlamento regional era altísima, con la presencia de Isa Serra, entonces portavoz del partido.

En todo caso, la entrada de Iglesias en el escenario electoral madrileño supuso un sobresalto para sus contricantes. Una de las aspirantes que mejor supo utilizar en su favor esta irrupción fue Isabel Díaz Ayuso. En un principios, el leimotiv de su campaña se fijó en ‘Socialismo o bien libertad’, oración que cambió a ‘Comunismo o bien libertad’ exactamente el mismo día en que el líder morado comunicó su resolución.

En lo que se refiere a las estrategias de campaña, hubo un partido y un aspirante que cometió fallos recordables. El socialista independiente Ángel Gabilondo, que había ganado las elecciones autonómicas solo un par de años ya antes, no logró hacer llegar un mensaje claro a su electorado en lo que se refiere a su proyecto y a sus posibles asociados de Gobierno. Específicamente, el escenario de acuerdo con Iglesias, algo a lo que primero se negó y después afirmó que sí motivado, presuntamente por indicaciones de Moncloa, fue uno de los factores que provocó el peor resultado de la historia del Partido Socialista Obrero Español en la villa de Madrid.

Otro partido cuya actuación es digna de mencionarse es Ciudadanos. Ignacio Aguado fue el vicepresidente de la Comunidad de la villa de Madrid y fue cesado por Díaz Ayuso. No obstante, no fue el aspirante escogido por su partido. El relevo lo tomó Edmundo Bal, que jamás se desprendió de su acta como miembro del Congreso de los Diputados nacional y que fundamentó su campaña en reivindicar un espacio de “centro y liberal”, con escasos resultados.

De forma paralela, en la campaña entraron en juego las múltiples amenazas a políticos por la parte de ciudadanos en ocasiones anónimos y otras veces con nombres y apellidos. El envío de balas con dedicatorias fue un factor que llenó los debates y las tertulias en aquellas semanas de abril y mayo, provocando que la cuestión ideológica se transformara en un eje para todos y cada uno de los contricantes electorales.

En este entorno, el de la confrontación ideológica, Díaz Ayuso se movió de forma muy cómoda. Valiéndose de su administración y de su particular dialéctica logró monopolizar el foco mediático en un instante vital de su carrera política, algo que le condujo a su éxito electoral.

La victoria de Ayuso

La noche del 4 de mayo fue la culminación de una estrategia que había superado las esperanzas. El PP había pasado de tener treinta escaños a sesenta y cinco, una cantidad mayor que la de todos y cada uno de los escaños de la izquierda juntos.

El éxito electoral de Díaz Ayuso, que rozaba la mayor parte absoluta por 4 miembros del Congreso de los Diputados, no solamente se tradujo en el asentamiento de su poder político y también institucional, asimismo supuso la muerte pública de, cuando menos, 2 figuras y la herida prácticamente mortal de, por lo menos, 2 partidos. Por una parte, la derrota total de Ciudadanos en la capital de España, que no logró representación alguna, supuso además de esto la salida total de la política de Ignacio Aguado. Por otro, la derrota de Pablo Iglesias como líder de la izquierda madrileña, asimismo supuso su salida de la vida política. Hay que rememorar acá que en la izquierda parlamentaria, el partido que más votos logró fue Más la capital española, que consiguió su ansiado sorpasso al Partido Socialista por poco más de cinco mil votos.

De este modo, con el apoyo de Vox para la investidura y asimismo para las ideas gubernativos más esenciales, Isabel Díaz Ayuso ganó de forma histórica en la Comunidad de la capital española y tiñó de azul el mapa electoral. Al poco tiempo formó su Gobierno de 9 consejerías y fue libre de administrar sin asociados ni ataduras a la Comunidad Autónoma.

Ayuso contra Sánchez

La confrontación entre Díaz Ayuso y Pedro Sánchez no empieza en la noche del 4 de mayo, sino más bien mucho ya antes. No obstante, su victoria electoral fue un punto de cambio en la intensidad de esta confrontación.

La defensa a todo trance de la capital española como capital histórica, cultural y económica de la presidente ha sido y es uno de los primordiales razonamientos que mantienen los ataques de Díaz Ayuso al habitante de la Moncloa. Un caso reciente de esta actitud política ha sido cuando desde el Gobierno de la Nación se ha planteado la posibilidad de descentralizar las instituciones del Estado, en busca de prosperar la representatividad de la soberanía nacional.

Desde el primer instante en que se comunicó por la parte de ministros y del propio presidente de España, Díaz Ayuso se ha erigido como la mayor opositora de esta idea, agrupando el término de España con el de la capital española. Manteniendo el paralelismo de que hacer daño a la capital española es hacer daño a España, la jefe del Ejecutivo nacional ha aprovechado cada ocasión para criticar al Gobierno nacional y para dibujar a un Pedro Sánchez que no candela por los intereses nacionales sino más bien por los suyos propios. En este punto, son dignas de mencionarse las incesantes alusiones que hace Díaz Ayuso a los “socios” de Sánchez, en referencia a Bildu o bien Esquerra Republicana, partidos que a juicio de la presidente suponen un riesgo para la democracia de España.

En este contexto, y tras meses de un goteo continuo, muchas voces han entendido la figura de Díaz Ayuso como un ente no regional sino más bien nacional, llegando a marcar la agenda mediática de una manera considerablemente más eficaz y concluyentes que el presidente nacional de su partido, Pablo Casado.

La guerra interna de los populares

A fines del pasado mes de agosto la presidente de la villa de Madrid expresó su deSeo de liderar el PP madrileño. En ese instante, ninguna voz interna se elevó, en tanto que es tradicional que el presidente del partido sea exactamente la misma persona que encabece el Ejecutivo autonómico, tal como ocurrió con Esperanza Aguirre o bien con Cristina Cifuentes, entre otras muchas.

No obstante, al poco tiempo empezaron los inconvenientes. Un estruendos de sables que trascendía en forma de filtraciones interesadas, de recados dejados en la prensa y de entrecomillados de personas sin nombre mas muy próximas a la dirección nacional popular, empezaron a abrirse paso entre septiembre y este mes de diciembre.

A rasgos generales, lo que supuestamente ocurre es que la dirección nacional de Casado, Teodoro García Egea y José Luis Martínez Almeida, entre otros muchos, tienen alguna renuencia en lo que se refiere a que Díaz Ayuso concentre en sí el poder institucional que le da la Real Casa de Correos y el poder político del Partido Popular de la capital de España. Enfrente está la jefe del Ejecutivo, que aduce su voluntad es presentarse al proceso interno de elección del partido y terminar con una situación anormal, en referencia a que desde el instante en que Cifuentes salió por el caso Máster y el caso Cremas en dos mil dieciocho, la presidencia la ejercita Pío García Escudero hasta la celebración de primarias.

La data de estas primarias ha sido y es uno de los primordiales ejes de esta guerra interior. Conforme la última asamblea entre la dirección regional y la nacional del partido, quedó claro que la voluntad del Partido Popular de la villa de Madrid es festejarlas lo antes posible. No obstante, esto aún no ha quedado reflejado en el calendario, la única aproximación es que van a ser a lo largo del primer semestre del año. Esta indefinición temporal ha servido como razonamiento en el cruce de acusaciones en las familias populares.

Paralelamente, otra de las vertientes de este enfrentamiento ha sido la relación entre los dos líderes. En el mes de noviembre, trascendió que Díaz Ayuso había bloqueado en su Whatsapp a García Egea y a algún miembro del equipo de Martínez Almeida, signo de la enemistad creciente entre los dos bandos. Después, la presidente explicó que solo había bloqueado a estas personas en uno de sus teléfonos, el de urgencias. En esta línea, se comenzó a elucubrar sobre el agravamiento de su relación con Casado, con el que apenas charlaba. Sobre esto, la presidente sí entró al juego y llegó a decir que pasaban hasta semanas sin tener comunicación directa.

En este contexto, cada ademán de los dos políticos ha sido estudiado al extremo, a veces provocando análisis exagerados de la realidad, con tal de medir el empuje de las dos presuntas facciones de un mismo partido. La guerra prosigue abierta, si bien más calmada, puesto que en el horizonte están las elecciones nacionales, cita en la que el PP no puede permitirse ninguna distracción.