El Ayre Gran Hotel Colón ha alojado huéspedes atípicos en el último año. La pandemia vació sus habitaciones de turistas y las llenó de pacientes Covid desde el día en que comenzó a operar como el primer hotel medicalizado del Servicio Madrileño de Salud (Sermas): el diecinueve de marzo del año pasado. Por allá han pasado miles y miles de pacientes que han superado la enfermedad en aislamiento, mas siempre y en toda circunstancia arropados por el personal sanitario y de limpieza, con el que han forjado relaciones aun de amistad que se han mantenido en el tiempo. Tras catorce meses ininterrumpidos prestando un servicio esencial, este viernes cierra sus puertas, símbolo de que enfrentamos la fase final de la pandemia.

La Comunidad de la capital de España confió a Clece la desinfección de las ciento sesenta y cuatro camas y zonas comunes del hotel sanitarizado. La compañía asiste al Sermas como distribuidor del servicio de limpieza desde el año dos mil trece, con lo que pudo aplicar desde el primer instante su experiencia en la higienización de ambientes hospitalarios. Por este motivo, esta fue la mentalidad que la compañía inculcó en todos y cada uno de los trabajadores: “Olvidaos de que es un hotel y categorizadlo como que es un hospital”.

De esta forma lo recuerda Ricardo Morisco, supervisor de Clece en el Ayre Gran Hotel Colón, quien vive la clausura del primer y último hotel sanitarizado con sentimientos contrarios. Por una parte, con una sensación “de alivio al cerrar una etapa bastante dura”. Por otro, una mezcla de “añoranza por lo mucho que hemos vivido allí” y de “gratificación” por el buen desempeño del personal. “Dejaron a un lado a su familia y se dedicaron 100 por ciento a esto, es increíble de qué manera ha cooperado todo el equipo”, agradece.

Alba Lucía Hurtado es parte integrante de ese equipo desde el primero de los días. Llegó al hotel la jornada que empezó su actividad como espacio medicalizado y este viernes lo despide conmovida. “Vinimos sin saber dónde nos metíamos, mas hemos hecho un buen trabajo”, comenta. Prueba de ello, la agenda llena de contactos de pacientes que “después de meses me escriben para poder ver de qué forma estoy”. Y es que en esos primeros acompases dudosos de la crisis sanitaria el personal de limpieza de Clece no se limitó a sus funciones, sino asimismo supo ser consuelo y compañía, con la debida distancia, de los internos. Resaltaron no solo por su profesionalidad, sino más bien por su factor humano.

“Fueron muy próximos con los enfermos y les transmitían seguridad mientras que estaban lejos de casa”, apunta Ricardo Morisco. El supervisor cuenta de qué manera esos minutos que pasaban en la habitación con ellos les ofrecían un instante de “desconexión e incluso de desahogo psicológico” frente a la dureza de estar separados de sus familias. Pacientes y limpiadores conversaban hablaban de los nietos de uno y la afición al futbol de otro. Temas banales y otros más trascendentales sobre los que se han construido “grandes relaciones de amistad”.

La premisa que se autoimpuso Alba Lucía Hurtado era clara: “Íbamos a mil, mas debíamos meditar en que la gente precisaba cariño, no podíamos solo entrar y adecentar como una máquina”. Aparte de darles charla mientras que no perdían atención a la meticulosa desinfección que efectuaban, asimismo se preocupaban de pequeños detalles como de que no les faltara una botella de agua o bien lograrles una almohada. De esta manera se forjó, narra, “un conjunto de amistad en la lucha”.

En ese conjunto se incluye Gelu Cipriano, una de las primeras personas en estrenar el hotel medicalizado. En verdad, la derivaron allá exactamente el mismo día de su apertura. De sus veinte días de estancia resalta que siempre y en toda circunstancia estuvo “protegida» por los sanitarios y el personal de limpieza. “No me sentía como en un centro de salud, sino más bien una huésped”, valora. Allá se hizo “muy amiga» de Alba Lucía, con quien hablaba en la habitación de temas extraños a la pandemia “para olvidarme de todo”.

Pormenorizados protocolos de limpieza y protección

Ya antes de comenzar a trabajar en el hotel sanitarizado todos y cada uno de los profesionales de Clece recibieron capacitación teorética y práctica. En ella se implicaron los biólogos de la compañía, especialistas en medicina precautoria y el área de prevención de riesgos. “Hicimos simulacros en el hotel para enseñarles qué distancias debían guardar o bien qué medidas tomar para desinficionar en ambientes con pacientes infecciosos”, explica el supervisor.

Los empleados aprendieron asimismo de qué manera ponerse apropiadamente los equipos de protección individual (EPI) o bien el orden en el que debían adecentar los objetos en cada estancia. No dejaban ni uno solo sin desinficionar. Enchufes, pomos, telefonillo, mando, grifos, mamparas. Pasaban la gamuza con lejía por todas y cada una de las superficies de contacto. “Yo limpiaba tal y como si quien fuera a ocupar la habitación fuera mi hija”, asevera Alba Lucía.

Se incorporaron protocolos pormenorizados para reducir al mínimo el peligro y la capacitación se ha repetido después para rememorar y actualizar los métodos de actuación. También, “realizamos test a los trabajadores a lo largo de todo el proceso para hacer un seguimiento de seguridad y hemos tenido cero contagios”, señala Ricardo Morisco.

A pesar de la compleja situación a la que se ha enfrentado a lo largo de catorce meses el personal de limpieza de Clece el bagaje adquirido es positivo. Alba Lucía Hurtado recuerda que lo más esencial era que “la gente se recobraba y se iba bien”.